lunes, 8 de marzo de 2010

17 AÑOS DESPUES...


Lunes, 8 de Marzo del Año del Señor de 2010. 18:31 horas. Hace frío hoy en Vitoria. Mucho frío. Estamos en Marzo, en puertas de la primavera, pero aún así, se ha tirado toda la santa mañana nevando, aunque por fortuna no llegó a cuajar. La nieve se ha retirado, pero como fiel escudero se ha quedado un frío, acompañado por un viento, de estos que te cortan la cara como un cuchillo.
Ya es hora de que acabe el invierno, que este año ha sido duro duro. Creo que nos merecemos ya un poco de buen tiempo. Irnos quitando ya capas de abrigo. Y sobre todo luz y poder disfrutar de la calle.
En fín... que habrá que seguir esperando... esperemos que ya poco tiempo... aunque tratándose de Vitoria, esto puede ir para largo.
Hoy mi post no va a ir dirigido contra nadie. Cosa rara en mi direis.
Hoy os quiero contar lo que hice en el día de ayer. Porque no fue un domingo cualquiera. Fue un domingo de reencuentro... 17 años después.
Ayer con la excusa de un partido de fútbol, quede con Michel. Compañero y muy buen amigo de la Universidad. Alguien especial con el que durante 4 cursos compartí muchos cosas. Los amigos de la Universidad. Esos que dicen que son como los de la mili. De los que nunca se olvidan. De los que siempre están ahí aunque no les veas físicamente.
Recuerdo un caluroso día de Junio del año 93 en el que coincidimos casi todos para ir a recoger una de las últimas notas de la carrera. Con esta acabada, era el momento de alzar cada uno el vuelo en busca de una vida, en busca de un futuro.
Nos despedimos. Eso sí, jurando y perjurando que no perderíamos el contacto. Pero como todo en esta vida, el tiempo y la distancia se encargan de separar a la gente al punto de que caigan en el olvido. En el olvido profundo.
Pasa el tiempo. Pasan las estaciones. Pasan los años. Y muchas veces te vienen los recuerdos. De unos, de otros, de todos en conjunto. De las que preparabamos, de las que liabamos. Anécdotas, cosas... que te hacen sonreir, que te hacen añorar, y que te hacen preguntarte que habrá sido de ellos, donde pararán, como les habrá ido la vida... y el tiempo pasa, y el olvido vuelve.
Pero la tecnología evoluciona. Y aparece una cosa que se llama Facebook. Las tan cacareadas redes sociales. Y de repente tu memoria florece y se abre. Y recuerdas. Y te recuerdan. Y añoras. Y te añoran. Y así de la nada, por arte de birli-birloque aparece uno, otro, otro.... y de repente me encuentro con parte de mi cuadrilla de la Universidad: Michel, Asís, Carlos, Alberto, Pedro, Juanjo.... y todavía tienen que aparecer más.
Lo primero que haces es cotillear sus fotos. Ver los estragos que la edad hace en los cuerpos. Que malos somos los humanos. A reirnos y decir... "Mira que gordo", "Mira que calvo"... jajajajajaj. Y no nos damos cuenta que estamos todos igual. Que la ultima vez que nos vimos teníamos veintipocos años, y ahora ya somos cuarentones. Estaría bueno que fueramos eternamente jovenes...
Pues yo ayer vi, comí, estuve y disfruté de la compañia de mi amigo Michel 17 años después. La excusa era fácil. Ayer jugaron nuestros equipos en San Mamés.
La pintaban calva. Comida, sobremesa y fútbol. Como en nuestra época universitaria.
Ahora ya con el poso de la madurez. Viendo las cosas tal y como son. Sin idealismos que ahora quedan para los que vienen tras de nosotros.
A las 2 de la tarde llegué a Bilbao. A los pocos minutos llegó Michel. He de confesar que estaba nervioso. Como un primerizo. Cuando nos vimos, nos miramos y nos dimos dos pedazo abrazos de los de verdad. Su chica, Ana, miraba complacida. No era para menos.
Lo que pasó después, y de lo que hablamos, ya queda para nosotros. Es claro que nos contamos nuestras respectivas vidas, nuestros proyectos actuales. 17 años de nuestra vida que había que rebobinar para contar al amigo.
El partido en sí fue lo de menos. Encima perdió el Valladolid. Pero aunque parezca raro no me volví a Vitoria encabronado. Ni mucho menos. Volví feliz y contento porque recuperé a un amigo perdido. Porque recuperé una parte de mi vida que estaba perdida en una nebulosa. Porque volví a mi raíz madura y entrañable.
Teníamos un profesor, el reputado sociólogo Fernández Sobrado, que nos dijo el primer día de clase que la Universidad sería la mejor época de nuestras vidas. Santa verdad. Yo al encontrar a mi amigo, a Michel, recuperé todos esos recuerdos de golpe.
Y ahora os aseguro que no tengo la más mínima intención de perderlos.
No van a volver a pasar 17 años. Ni de coña. Además el lo sabe. Ahora ya lo tengo fichado....
Ah! y si alguno de la banda lee esto, que sepa que vamos a preparar una cena o una comida para volver a recuperar a las viejas glorias.
Esas que jamás debieron estar 17 años perdidas en el limbo de los justos.

3 comentarios:

  1. Que bonito es encontrarse con los buenos amigos cuando pasa el tiempo....Tengo yo una buena amiga , con la que me encantaria reencontrarme , y a la que llevo mas de 15 años sin ver.
    Se que vive en Vitoria y por lo que se , es muy feliz....como me gustaria reencontrarme con ella.

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  2. muy bueno Paco, muy bueno.

    Espero no verme dentro de 17 años así... de calvo y gordo digo...jajaja!me alegro que hayas sabido sacar lo mejor de las redes sociales.

    El que haga frío nos pone tiernos y creativos.

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  3. Por cierto...esta amiga es tu mujer , jejejjee.

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